LOS SERVICIOS DE CUIDADOS CRITICOS Y URGENCIAS

UNA REEVALUACIÓN DESPUES DE 14 AÑOS

1.- INTRODUCCIÓN Y REFERENCIA HISTORICA.

Es difícil comentar, e incluso explicar, la reflexión que llevó al Plan Andaluz de Urgencias y Emergencias (PAUE) al inicio de los años noventa a proponer a la Consejería de la Salud la creación SCCU sin, al menos, dedicar unas líneas a recordaren qué estado se encontraban específicamente las urgencias en la década de los ochenta y comienzos de los noventa. No creemos exagerar si afirmamos que en los ochenta la situación de las urgencias en toda España constituía un motivo de debate de todo tipo y su ejercicio un clamor social. Diariamente aparecía en los medios de comunicación algún comentario, generalmente negativo, sobre el estado de las urgencias hospitalarias. Recuérdese que se solicitó, y fue realizado, un informe al Defensor del Pueblo ante la magnitud que el problema del funcionamiento de las urgencias hospitalarias había adquirido. En resumen, se destacaban en aquella época, por distintos colectivos e instituciones, los siguientes problemas: – Ausencia de sistemas de emergencias extrahospitalarios. – Desprestigio y masificación de las urgencias extrahospitalarias. – Saturación de las urgencias hospitalarias por excesiva demanda banal. – Infraestructura arquitectónica inadecuada con escasez de recursos técnicos y humanos. Sobre todo, se destacaba la falta de camas de observación y la presencia casi constante de camillas. – Aislamiento de las urgencias del resto del hospital. La sensación de los especialistas del hospitalera que las urgencias constituían un “mal inevitable” para el correcto funcionamiento del hospital. – Falta de modelo organizativo y de dependencia jerárquica. En ocasiones, las urgencias eran regidas por coordinadores nombrados directamente por la dirección; en otras, la jefatura de urgencias, por tradición, se adscribía a los servicios de medicina interna, e incluso en ocasiones eran los propios directores o subdirectores los responsables de urgencias. – Ausencia de plantilla médica definida, no sólo en número sino en cualificación. Es preciso recordar que a partir de 1984 se había producido una imparable corriente migratoria interna de los especialistas desde la puerta a observación y desde ésta a la planta, siendo sustituidos por médicos eneralistas con contratos eventuales de corta duración y residentes o por equipos fijos de urgencias desconectados del resto del hospital. Consideramos que lo más destacado de la problemática expuesta era la falta de incardinación de las urgencias en la estructura del hospital, la ausencia de modelo organizativo y la inestabilidad de la plantilla médica. Podemos decir, sin mucho temor a equivocarnos, que en la mayoría de los hospitales las urgencias eran “tierra de nadie”, con lo que en Andalucía el Servicio de Medicina Intensiva pasó a ocupar un espacio ya vacío. En resumen, muchas soluciones se han ensayado para dar respuesta al problema de las urgencias, pero sólo en Andalucía se ha puesto en práctica un modelo estructurado cuyos resultados están en disposición de ser evaluados.

2.- ¿QUÉ HAN APORTADO LOS SCCU A LAS URGENCIAS HOSPITALARIAS?

La pregunta tiene múltiples respuestas dependiendo de donde surja. Si la contestamos desde el punto de vista del paciente, podemos aseverar que el impacto asistencial ha sido notable, concretándose, sin ánimo de exhaustividad , en los siguientes aspectos: a) mejor organización de la atención a los pacientes en las áreas de urgencias; b) instauración de indicadores de calidad de obligado cumplimiento; c) mejora en la decisión de ingresos en la UCI; d) protocolización para toda la comunidad autónoma, del transporte secundario de pacientes críticos; e) impulso a la docencia e investigación en el campo de la medicina de emergencia y urgencias, y f) mejoras profesionales para los médicos de urgencias.

2.1.- Mejoras organizativas Han estado dirigidas a la creación y el desarrollo de áreas funcionales que den la respuesta apropiada, en tiempo y recursos, a las necesidades asistenciales de los pacientes según la índole de su proceso agudo. El enfoque ha sido, como es habitual en nuestra filosofía asistencial, la gradación de la atención de acuerdo con el riesgo individual y el flujode enfermos. Ello ha potenciado, además, la homogeneización creciente en la organización funcional a partir de los fundamentos expuestos anteriormente. De forma paralela a la reorganización funcional, se ha producido una importante inversión en reforma arquitectónica, que aún prosigue, de las áreas de urgencias y en equipamiento electromédico estimada en más de 18 millones de € ya en todos los hospitales, dentro de la sección de urgencias de los SCCU:

1. Clasificación inicial de los pacientes. Realizada por una enfermera entrenada según un protocolo previamente establecido, clasifica a los pacientes en cuatro niveles de gravedad y decide la prioridad de atención y el área de asistencia.

2. Consulta rápida o filtro. Los pacientes clasificados como de nivel IV con procesos banales que no requieren prácticamente ninguna intervención hospitalaria son atendidos por un facultativo experto que tras un somero examen resuelve el problema o lo deriva al dispositivo sanitario pertinente, evitando colas, tiempos de espera excesivos, acumulación de personas y caos.

3. Sala de cuidados mínimos o de tratamientos cortos. Las salas de observación de urgencias están sometidas a una fuerte presión asistencial diaria, que se incrementa en algunas épocas, como en el período invernal. Su número de camas es limitado y el hospital con demasiada frecuencia tiene poca o ninguna disponibilidad de las mismas, por lo que de manera habitual hay picos de saturación y los enfermos permanecen en camillas. Sin embargo, más de la mitad de los procesos que se atienden en las salas de observación necesitan menos de 8 h para su resolución o tomar una decisión de ingreso o alta, ya queson de menor gravedad, complejidad diagnóstica,requieren menos vigilancia o se resuelven de manera más sencilla, por lo que la habilitación de zonas específicas para estos pacientes ha demostrado ser muy rentable.

2.2.- Indicadores de calidad Fruto de un grupo de trabajo convocado por el PAUE, en el que intervinieron médicos de urgencias e intensivistas, se establecieron los estándares, criterios e indicadores de calidad para la urgencia en cuanto a tiempos de respuesta en la atención, acontecimientos centinelas, tiempo entre comienzo de la enfermedad e instauración de la terapéutica efectiva (p. ej., fibrinólisis en el IAM, concordancia diagnóstica,etc.). Posteriormente, en reuniones de jefes de servicios y de las secciones de urgencias se han incrementado los criterios e indicadores al incluir algunos más referidos a resultados y proceso, como el porcentaje de ingreso en observación por urgencias atendidas o porcentaje de ingresos en el hospital por urgencias atendidas y que en la actualidad es el punto de medida para definir y comparar objetivamente la calidad de las secciones de urgencias. Muchos de estos indicadores de calidad, recogidos en un libro publicado por el PAUE, han sido asumidos por el Servicio Andaluz de Salud y son de obligado cumplimiento por los SCCU, al estar incluidos en el contrato-programa de la institución. La instauración de estos parámetros de calidad ha tenido como consecuencia, sobre todo, el descenso en la clasificación inadecuada del nivel de gravedad, el acortamiento de los tiempos de respuesta, la disminución de la presión de urgencias y el incremento en la resolución finalista (sin ingreso hospitalario) de un gran número de enfermedades. Estos cambios, junto al plan de alta frecuentación que el PAUE ylos responsables de los SCCU impulsan anualmente antes del inicio del invierno, preparan a las urgencias hospitalarias para épocas tan conflictivas como los períodos de otoño e invierno.

2.3.- Ingresos en UCI No obstante, a nuestro juicio, el mayor logro producido ha sido la mejoría en la atención a la emergencia y la detección rápida del paciente potencialmente grave. De esta forma, se han evitado numerosos ingresos innecesarios en UCI y se han admitido más precozmente en UCI pacientes que lo requerían. Actualmente, en muchas urgencias se practica lo que se ha denominado como “cuidados intensivos preventivos”. Aunque podríamos explicitar muchos ejemplos de ello, sirvan como muestra algunos de los que existen datos disponibles. Así, se ha perfeccionado la atención al traumatismo craneoencefálico mediante protocolo ya publicado, que ha convertido en excepcional la omisión de lesiones ocupantes de espacio en traumatismos craneoencefálicos leves o la presencia de pacientes talkand die, entre otros logros. Asimismo, mediante la aplicación del estudio ARIAM (análisis del retraso en el infarto agudo de miocardio) se ha incrementado el porcentaje de pacientes y acortado el tiempo de realización de la fibrinólisis en el IAM; en pacientes con hemorragia subaracnoidea se ha conseguido detectar más precozmente ciertas complicaciones ,como la hidrocefalia y el vasospasmo, y decidir más adecuadamente el destino de los pacientes (planta o UCI); fruto del estudio EVASCAN, han aumentado los pacientes con accidentes cerebrovasculares que acuden al hospital dentro de las primeras 3 h, en ventana terapéutica para una posible fibrinólisis cerebral. Finalmente, pero no menos relevante, es que las encuestas realizada en algunos centros a los usuarios de las urgencias demuestran un grado muy elevado de satisfacción.

2.4.- Transporte secundario. El transporte primario y secundario de pacientes críticos se ha beneficiado de la creación de los SCCU en los siguientes aspectos: a) adecuada estabilización del paciente en el hospital emisor; b) traslados más precoces, y c) criterios de transferencia más correctos, lo que ha propiciado un descenso en el traslado de pacientes terminales y un aumento en los pacientes de alto riesgo.

2.5.- Docencia e investigación. A pesar de que resta un amplio camino por recorrer, en el campo de la docencia e investigación, donde por múltiples razones había poca presencia y tradición de las áreas de urgencias, se han producido avances significativos desde el desarrollo de los SCCU. Basten como ejemplos los proyectos auspiciados por la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva, Urgencias y Unidades Coronarias (SAMIUC), como EVASCAN, GITAN, EHSA y anticoagulación en la fibrilación auricular crónica, entre otros. En la misma línea, se ha conseguido la financiación del FIS y de la Consejería de Salud de Andalucía para varios proyectos que abordan cuestiones específicas de urgencias. En docencia, sobre todo en el aspecto más concreto de formación continuada, se han efectuado numerosos cursos de actualización en tópicos definidos, algunos de ellos fomentados por la SAMIUC dentro y fuera de sus congresos, y la mayoría como programa de formación de los propios servicios.
Asimismo, se ha prestado una especial atención a la formación de los médicos residentes rotantes, así como una estrecha colaboración docente con los médicos de los puntos de urgencias de atención primaria y de la empresa pública de emergencias sanitarias EPES-061.

2.6.- Mejoras profesionales para los médicos de urgencias Si la pregunta que formulamos partiera de los profesionales no intensivistas que ejercían en las áreas de urgencias, la respuesta dependería del aspecto concreto que cuestionásemos. Así, hay un considerable consenso en: ganancia en calidad de los resultados, formación, recursos y prestigio de los médicos que actualmente trabajan en ellas. Los médicos de familia de los SCCYU se han encontrado con una situación profesional diferente, puesto que de refuerzo del especialista de guardia, sin vínculos o sentimientos de pertenencia a ningún servicio, ahora se encuentran incluidos en uno que, para muchos, les es completamente extraño y, además, se les exige mayor formación, polivalencia, toma de decisiones propias, labores docentes y de investigación, etc., esto es, convertirse en médico de urgencia con autonomía plena. Para muchos de estos facultativos, éste ha sido el primer contacto con los intensivos, ya que la mayoría pertenecen al colectivo de médicos de familia, que no rotan por la UCI durante su período de residencia (MIR). Sin embargo, como todo cambio, sobre todo cuando se efectúa sin tiempo de adaptación por ambas partes y casi sin condiciones previas, generó ciertos temores en la mayoría del colectivo, y frustración de su carrera profesional en aquellos que aspiraban, con la creación de los servicios independientes de urgencias, a jefaturas de servicio. Los miedos radicaban, fundamentalmente, en ser desalojados de su puesto de trabajo y ser sustituidos por intensivistas o en convertirse en médicos de segunda clase, al tener que convivir con facultativos con formación específica en pacientes críticos. Para otros, la creación de los SCCU podría impedir la aspiración de conseguir una especialidad de urgencias, a pesar del hecho de que un 80% de las urgencias hospitalarias constituyen tan sólo problemas de atención continuada o simplemente una manera rápida de acceder al sistema sanitario, sin un cuerpo doctrinal específico.

2.7.- ¿Y a los Servicios de Medicina Intensiva? De la misma forma que dirigíamos una mirada retrospectiva a las urgencias a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, consideramos útil recordar las circunstancias que rodeaban el quehacer de los servicios de medicina intensiva. Estábamos ante una especialidad joven, horizontal, consolidada al disponer de un programa MIR de formación específica y de un título propio de especialista desde el año 1978, implantada en la gran mayoría de los hospitales y prestigiada ante la población general. Como amenazas más destacadas podemos enumerar las siguientes: – Cuestionamiento crónico, por parte de otros colectivos médicos, de la idoneidad de la existencia de la propia especialidad como entidad separada. – Competencia de otros especialistas interesados en el tratamiento de pacientes críticos, en ocasiones fomentada por las propias direcciones de los hospitales y derivada del alto coste, fundamentalmente en recursos humanos, de las unidades para el corto número de pacientes tratados. – Escasez de residentes en formación. – Pérdida de camas y de enfermedades críticas anteriormente tratadas en UCI.

Siguiendo el esquema anterior, podemos afirmar que el mayor beneficiado de la integración de críticos y urgencias ha sido el paciente. Ya indicábamos que se había producido una identificación más precoz del enfermo potencialmente crítico que ha redundado en un tratamiento más rápido, con una participación más temprana del intensivista, y en una mejoría de los criterios de ingreso en UCI. En general, se ha facilitado el ingreso en UCI del paciente crítico. Para los servicios de medicina intensiva la introducción de los SCCU ha tenido un impacto enorme, de ser el último eslabón de la cadena (UCI) a estar en primera línea (puerta); de tener un número previsible y controlado de clientes a una demanda ilimitada y anárquica. Podemos citar como ejemplo que mientras en estos años, en Andalucía, se habría atendido en los clásicos servicios de medicina intensiva aproximadamente a 135.000 pacientes críticos, en los actuales SCCU se ha atendido a los referidos enfermos, más a unos 25.000.000 de pacientes urgentes. Este enorme volumen de pacientes ha tenido los siguientes aspectos positivos:

– Pasar de ser un servicio cuestionado por la dirección a ser un servicio clave para la imagen y el funcionamiento del hospital.

– De ser un servicio cerrado, alejado de las estrategias corporativas, a participar en los objetivos principales del hospital, como listas de espera, externalización de pacientes, etc.

– Ganancia de ventaja competitiva con relación a otros servicios.

– Nueva cultura de la medicina crítica fuera de las paredes de la UCI.

– Gestionar la propia demanda de pacientes críticos e incluso gestionar el ingreso del resto de las especialidades, lo cual posibilita alianzas estratégicas con otras disciplinas médicas. Creación de nuevos SCCU en hospitales donde, con el anterior modelo, hubiese sido inviable disponer de UCI.

Si nos colocamos en la perspectiva del intensivista de a pie, existen elementos positivos y negativos en el desarrollo de los SCCU. Los positivos se resumen en mayores perspectivas profesionales, recuperación de enfermedades graves anteriormente perdidas y sensación de trabajar en un servicio clave en expansión. Al igual que ocurría con los facultativos de urgencias, el elemento negativo fundamental ha sido el miedo. Miedo a pertenecer a un servicio que integra una actividad tan penosa como son las urgencias, miedo a pensar que vamos a perder conocimientos y habilidades por dedicación a otras tareas que no son tan específicas de la formación adquirida en el MIR de medicina intensiva y, finalmente, para un colectivo menor, considerar que se produciría una pérdida de identidad de la especialidad que podría ser aprovechada por nuestros tradicionales competidores.

3.- SITUACIÓN ACTUAL DE LOS SSCU. RETOS FUTUROS.

El transcurrir de estos más de 13 años ha producido lógicamente sus efectos. El SCCU, que en etapa embrionaria, fue considerado por muchos una entelequia o un artificio burocrático, de vida breve, para dar salida a un problema social y sanitario acuciante, se ha convertido en una realidad cuyas bondades y problemas se han comentado. De ser combatida la idea del SCCU por no pocos intensivistas a ser defendida por una importante mayoría, que con su trabajo y aportaciones ayudan día a día a mejorar y consolidar el modelo. Sirva como ejemplo que en el congreso de la SAMIUC del año 2001, la asamblea decidió a propuesta de la junta directiva, conservando el acrónimo, modificar la denominación de la sociedad, pasando a llamarse Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva, Urgencias y Unidades Coronarias. Actualmente, el grado de desarrollo alcanzado por los SCCU es muy alto. Prácticamente se ha implantado en toda la región recuperándose camas de críticos, y se ha conseguido una buena valoración de ellos por la ciudadanía, los sanitarios y los gestores hospitalarios. Se ha impulsado un modelo de organización de los SCCU, expuesto en este artículo, que va homogeneizando la actividad de los servicios y, además, se ha consolidado la plantilla de facultativos de urgencias mediante la oferta pública de empleo extraordinaria, lo cual debería producir una normalización en la estructura del SCCU. Este modelo, afortunadamente, no está terminado y tiene retos por delante. Como siempre, el más importante es su legitimación social a través de la demostración de su efectividad y eficiencia, puesto que, a diferencia de otros, tiene el valor añadido de poder evaluarse. Para ello, un trabajo promovido por el grupo de Gestión y Planificación de la SEMICYUC tratará de responder la pregunta de si los SCCU son eficientes. Otro de los retos futuros es la integración total de urgencias y UCI en el modelo funcional propuesto. No es una exageración decir que las urgencias fueron encajadas, pero no integradas, en los servicios de medicina intensiva. Aunque se han dado pasos fundamentales en la integración, queda todavía mucho por realizar. En concreto, el área de urgencias tendrá que ser normalizada, es decir, constituir una sección/unidad más dentro del servicio con igualdad de condiciones que las otras: jefatura médica, régimen laboral y administrativo similar, plantilla estable y suficiente para asegurar la continuidad asistencial, la docencia y la investigación y no depender tanto de los MIR. Se ha señalado que el SCCU tiene que ser necesariamente multiprofesional y multidisciplinario, por lo que hay que regular qué otros especialistas, además de intensivistas y médicos de familia deben trabajar, y en qué proporción, según el nivel hospitalario. Dado que no existe una especialidad que integre medicina intensiva, emergencias y urgencias, se ha desarrollado en nuestra región, con la participación de los profesionales de los SCCU, un mapa de competencias que integra conocimientos, habilidades y actitudes, que debería, lo antes posible, ponerse en práctica para la selección del personal conforme al puesto de trabajo a cubrir, y ser el eje del desarrollo profesional dentro del servicio. Aunque no es nuestra competencia, creemos interesante que desde la SAMIUC se impulsen cambios en la formación del MIR en medicina intensiva que lo capaciten para trabajar con pacientes críticos allí donde se encuentren: urgencias, emergencias, intensivos. En este sentido es necesario y prioritario y la SAMIUC solicita al PAUE y al Servicio Andaluz de Salud (SAS) que clarifiquen públicamente los indicadores empleados para dimensionar las plantillas de médicos de urgencias y que las mismas se adecuen a las necesidades reales de los diferentes SCCU. En nuestra opinión las nuevas Unidades de Gestión Clínica, en la que participan profesionales sanitarios de distintas Especialidades Medico-Quirúrgicas, con un objetivo común, pueden ofertar un modelo organizativo funcional más flexible y dinámico para la actuales necesidades asistenciales y aspiraciones de desarrollo profesional de los facultativos y personal de enfermería que en ella trabajan. Los ejemplos actuales de funcionamiento ordenado y estructurado de estas Unidades en el contexto de Urgencias y UCIs, como un modelo integrado , en la actualidad funcionan en 7 hospitales de distintos niveles en nuestra Comunidad, con indicadores asistenciales aceptables y correctos niveles de rendimiento, constituyen una realidad organizativa asumida por los gestores sanitarios, y que puede ser extrapolada al resto de los hospitales del sistema sanitario andaluz

4.- CONCLUSIONES.

El servicio de cuidados críticos y urgencias ha sido y es, un modelo innovador y en la atención médica a las urgencias, con una visión unitaria e integral de servicio. La gradación de la atención, en tiempo y nivel de asistencia, según las necesidades reales del enfermo, es el factor determinante de la organización del servicio. Su campo de actuación, por tanto, es un continuo que abarca desde la urgencia subjetiva al enfermo crítico, desde la puerta de urgencias hasta la UCI. Su cuerpo de doctrina, sus técnicas y procedimientos se nutren de la medicina intensiva y de urgencia. Los conocimientos y las habilidades requeridos para trabajar en el servicio son multidisciplinarios, pero su ejercicio exige una formación hospitalaria, una acreditación específica y un perfil clínico y humano adaptado al puesto de trabajo. Es una realidad asistencial consolidada que hace necesaria la continuidad del modelo analizándolo en profundidad y mejorando aquellos aspectos organizativos y normativos que lo requieran.

Información adicional